Poemas e imagen de Javier Hernando Herráez.

Aquí hay cincuenta piedras a la orilla del río.

Esperando a disolverse, cincuenta piedras a la orilla del río, para ser río.

Cincuenta piedras esperando para disolverse y, quizá,

cincuenta piedras disueltas en el río esperando a formar parte, quizá,

de ciento cincuenta nuevas piedras a la orilla de algún río.

Aquí hay cincuenta piedras y nadie las mira.

Aquí hay cincuenta piedras.

Y también hay un río.

 

***

 

Yo vivía en un árbol

pero ardió el bosque y ardió mi árbol

y pude ver mi casa rodeada de piñas en llamas.

 

Yo vivía en un bosque

pero ardió la ciudad y ardió mi bosque

y pude ver mi casa rodeada de pinos en llamas.

 

Yo vivía en una ciudad

pero ardió el país y ardió mi ciudad

y pude ver mi casa rodeada de pinares en llamas.

 

Yo vivía en un país

pero ardió el mundo y ardió mi país

y pude ver mi casa, pero no pude ver nada.

 

***

 

En un robledal una hoja de roble.

En un robledal de mil robles, miles de hojas de roble,

pero también una hoja de roble.

Una hoja de roble moviéndose con un baile diferente

al de miles de hojas de roble.

Y otra hoja de roble moviéndose con un baile diferente

al de una hoja de roble y al de miles de hojas de roble.

Más hojas de roble y más lo mismo.

 

En este robledal aburrido, con miles de hojas de roble aburridas,

como te estás aburriendo, te voy a mandar una tarea aburrida:

el baile de cada una de las hojas de roble del robledal, báilalo.