Texto e imagen de Victoria Aime.

Lo que se ve no se ve (y lo que no se ve se ve).

Lo que se escucha no existe (y lo que no existe se escucha) (y lo que no se escucha existe) (y lo que existe no se escucha).

Risas bajitas.

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Iba a escribir sobre ver por primera vez una obra de Los Bárbaros después de haberme imaginado todas las demás, nunca había tenido la posibilidad de verlas hasta ahora. Pero ahora no veo una función sino un ensayo. Veo y escucho con luz de sala y con la escenografía sin terminar. Miguel me va contando qué debería de ocurrir en escena en algunos momentos. Estoy obligada a seguir imaginando a la espera de que un programador y un avión los traigan a París.

Iba a escribir sobre cómo me gustan los procesos, me gusta ver cómo van tomando forma las obras de la imaginación, sobre la posible relación de este gusto por los procesos con mi niñez entre obras, no de teatro sino de albañilería.

Iba a escribir sobre los caminantes, los poetas caminantes, los filósofos caminantes pero me acordé de Jean-Jacques Rousseau, me aburrí y lo dejé allí.

El caso es que me encontré con Beckett, sí, Samuel Beckett, y me contó que estuvo paseando por Madrid un 22 de noviembre.

Mientras paseaba Beckett por Madrid, se encontró con Céline, sí, Louis-Ferdinand Céline, y le dijo: «Pon tu piel sobre la mesa.» Beckett puso su piel sobre la mesa de la terraza donde estaban tomando vermut (o café solo / cortado / con leche o un té o una caña, lo que más os guste para imaginaros la escena) con Céline, se despidió y se fue al Retiro, frotando sus músculos, sus nervios, sus venas, sus arterias, sus huesos, sus vísceras con el aire. Allí, encontró un agujero, se metió dentro y dijo: «¡Qué gusto! ». Y FIN.

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Una última cosa:

Si me habéis leído hasta aquí y vais a ver la obra, escribidme para contármela. Me gusta mucho que me cuenten las obras que no puedo ver. Pero no me contéis solo los hechos, contadme lo que habéis pensado y sentido durante la función.

Victoria

(victoira.aime.m@gmail.com)