El espacio es muy bonito. Parece “Europa”. La gente también parece europea. En todas partes, europeo es una nueva categoría del ser.

Me gusta que no haya luces, que pase el tiempo y se oscurezca la tarde (afuera también pasan cosas). Luego cuando se abre el portón de detrás al final de la pieza, ves a la gente en la calle y sabes que pasan cosas afuera y eso a veces reconforta de alguna manera, pese a que pasen “cosas terribles a nuestro alrededor”, queda la posibilidad de intervenir o tal vez es que estos días hay incluso más agitación dentro y pasa la tarde y necesitamos luz. Un empeño en la realidad desde el escenario.

La visibilizacion, ¿quién es el dueño del lenguaje? Costa y los caboverdianos. La teoría y la práctica. El deseo de hacer algo en medio de la “situación”. Mekas -recuerdo ese vídeo, cuando habla de la tristeza- qué se puede hacer: “pasan cosas terribles a nuestro alrededor”. Nilo y Chus lo hacen.

La pregunta del arte, deseamos que parta desde una pregunta sobre una misma. No es solo el exilio, el extranjero, lo que se pone en escena. Es la clase. Es el trabajo. El texto de Mekas del final: el trabajo, ¡dejad el trabajo y salid a los campos! Ser panadero no me interesa, -dice Mekas- agradecer, obedecer… no me interesa. Y sin embargo, el italiano que tiene diez hijos va el sábado a trabajar.

En el escenario: cuatro mujeres rumanas que extienden su tiempo de ocio ante nuestra mirada, no entendemos lo que dicen, perfecto: no necesitamos entender. Y hay algo bonito en esa puesta en escena del trabajo: recoger chatarra, colocar cosas de un sitio a otro y el trabajo de la música en una misma línea de acción. Que no haya diferencia entre esos dos trabajos me interesa. Me conmueve. Incluso ellas pueden ser revolucionarias en la medida que “la cultura de los gitanos, -leo en un libro sobre los gitanos no recuerdo en casa de quién- desprecia el trabajo”. Algo así pienso… algo que aprender ahí. Las vemos “holgar”, el otro día descubrí que huelga viene de “holgar” pero también jolgorio y ambas se relacionan con respirar agitadamente, con jadear. Las mujeres resoplan humos blancos, ¿es una huelga? No las vemos trabajar más que al final. Colocar los trastos en el escenario no es trabajar, es hacer una caricatura no sólo de su trabajo, sino de lo que hacemos todos: mover cosas de un lado a otro, con un poco de suerte, transformarlas. Casi siempre a peor, por otro lado. Respetar el material. Pensar si hace falta transformarlo, eso sería una buena medida contra el arte. Preguntarse antes si es necesario. El árbol, el papel; la piedra, la escultura… el tiempo, lo escénico. Igual que la buena o la mala música, el desafine del violín. Los instrumentos o el arte que no son de unos pocos. El material. Las personas y un fragmento de realidad que se mira desde el patio de butacas. Mi mirada de blanca occidental y mis coartadas ¿me salvan? ¿Puedo mirar? ¿Puedo mirar a estas mujeres y sus trabajos? ¿Puedo entender sus angustias con las cartas verdes, blancas, pequeñas o grandes? ¿Hay superficialidad en la mirada? ¿Es snob? ¿Por qué no volver la acusación contra nosotras mismas? ¿Por qué no entender que tal vez la crítica tendría que empezar siempre por casa? Casa, comer, problema. ¿Qué me incomoda a mí de ver a estas mujeres en escena?¿mi ignorancia de cómo viven muchas personas a mi alrededor?
Y la presencia del diario, una línea que atravesaba la pieza, me gustó, aunque últimamente me preocupa cómo introducir esos materiales sin que se sepa, no sé cómo explicarme mejor, sin hacerlo manifiesto. Estaba bien no saber casi todo el rato, pensar, y vemos los pasillos, la calle, las fiestas y los bailes, mujeres que fuman, un vals colombiano al revés, ese chico de voz suave, sus canciones.

Texto procedente del diario personal de Cecilia Molano.