"Cai se acerca con suavidad, 
La lluvia cae sin cesar, es pertinaz y reblandece la piedra.
Las horas transcurren mientras la mañana avanza y el plinto se desplaza en la gran plaza.
Los brazos en aspa.
La lluvia continúa y todos los niños huérfanos salen del NO-DO para encarnarse en el cuerpo frío de Cai. 
Conocí a Cai bajo la lluvia, pasados los años le encontré una mañana entre mayores tocándose el cuerpo y reconociendo sus músculos, sus articulaciones, sus huesos. ¿Sabéis cuantos huesos tiene el pie humano?... La música suena muy por detrás, como si fuese la respiración del grupo humano que se pasea dándose la mano y mirándose a los ojos. Transcurrieron los días y volví a verles enmarcados en un marco dorado que fueron capaces de transcender. Pies y manos, besos y abrazos, risas y miradas, palabras y susurros… un tapiz de cuerpos en movimiento. El marco dorado se desvaneció en medio de la tarde.

Pasan los meses y una mañana escribo a Cai. Querido Cai, voy a trabajar en un nuevo espacio en Madrid; Naves Matadero. Ahí está un colectivo de artistas a los que creo les encantaría dialogar contigo, invitarte a entrar “debajo del sombrero” que habitan, y protegidos por la sombra del raso y el fieltro imaginar lobos y truenos, niños perdidos en bosques lejanos y mujeres extendidas bajo la luna, jirafas y leones a los que les susurran al oído nanas antiguas y cangrejos que salen de sus madrigueras, muy temprano, para patinar sobre los charcos helados.

Cai viene a Madrid y hablamos y hablan y se miran y se escuchan y todos dicen que crea diálogo con el otro, que está vivo y construye a través de las experiencias humanas. El universo de Cai se conforma desde el encuentro con nuestros cuerpos, con nuestras sonoridades, obsesiones y emociones, con nuestras biografías… Cai teje un espacio de comunicación sin virtuosismos, pero lleno de densidades que se comparten desde los sueños y los miedos, desde la contemplación y las ideas que mezclan el intelecto y el corazón pasando por el trabajo físico.

Al lado de Cai es posible aventurarse al espacio vacío, imprimir nuestra presencia en el mismo, escuchar cada gesto, mirada, respiración. Todo nuestro cuerpo comunica y expresa en su totalidad y en cada momento. Sólo así se puede ser libre en el placer de la acción. Cai explora más allá de los márgenes establecidos como correctos por la norma.

Con este proyecto queremos investigar, invitar a diferentes artistas a dialogar y acompañar un proceso largo de búsqueda, en el que todos estaremos presentes y seremos parte activa, para construir un universo en el que nuestros monstruos y fantasmas cobren forma. Escribiremos en medio del silencio y trazaremos cada día círculos sobre el agua, sobreviviremos a las llamas y construiremos desde el humo ciudades y dragones que dormirán tranquilos sobre el trazo negro del carboncillo.

Abandonaremos la servidumbre y la prudencia y así nos adentraremos en los bosques espesos.
Caminaremos por encima del hombre.
Encontraremos el camino de la dulzura y el ingenio hará milagros sobre nosotros", 

Mateo Feijóo